Cementerios: el arte de la muerte

31/10/2017

Los camposantos andaluces acogen verdaderas obras de arte en arquitectura y escultura. Noviembre es un buen mes para agudizar el prisma

El cementerio es el lugar en donde descansan los que dejan este mundo. Hay quienes visitan a sus seres queridos con rutinaria frecuencia; hay quienes tienen la costumbre de regresar cada noviembre; hay quienes prefieren no acudir.

Pero el cementerio es un sitio en donde el arte se desarrolló, especialmente a partir del siglo XIX, en que los ayuntamientos ya habían tomado las competencias para enterramientos en perjuicio de las iglesias, y el arte romántico se mostraba muy propenso a esta temática existencial.

Andalucía posee numerosos camposantos que merecen una visita desde el punto de vista artístico. El cementerio de San Fernando de Sevilla es un ejemplo. Lo embellecen esculturas simbólicas del arte decimonónico, como el Cristo de las Mieles, de Antonio Susillo (1880) o suntuosos mausoleos, como el más famoso y de mayor calidad: el dedicado al torero Joselito El Gallo, labrado por Mariano Benlliure (1921-1926), que es la imagen de este post.

El cementerio de San José, de Granada, no le va la zaga. En la dehesa del Generalife, su situación es idílica para la búsqueda de la calma y el sosiego que requieren estas instalaciones. Construido a partir del siglo XIX, posee numerosos panteones de calidad, labrados por escultores de la escuela granadina tan destacados como José Navas-Parejo. Despunta una espléndida escultura en bronce de la Piedad del escultor local Eduardo Carretero (1920-2011).

Ya en desuso, pero uno de los más importantes del país se sitúa en Málaga. El Cementerio de San Miguel fue uno de los camposantos de la ciudad entre 1810 y 1987, año en que se abrió el actual y moderno Cementerio de San Gabriel. Pero las instalaciones, como parque público, siguen embaucando al visitante. Numerosos estilos hacen del Cementerio de San Miguel una amalgama de arte ecléctico e historicista que merece mucho la pena. Jerónimo Cuervo, Palma García, Guerrero Strachan o Joaquín Rucoba son algunas de las firmas de los fabulosos panteones que escoltan la enorme capilla circular que preside el cementerio, y que pertenecen a familias solariegas del fastuoso siglo XIX malagueño.

La provincia malagueña cuenta con otros cementerios que merecen mucho la pena visitar: el dieciochesco de Casabermeja, Bien de Interés Cultural; el circular de Sayalonga o el de Benadalid, integrado en su castillo, no dejan indiferente a nadie. Volviendo a la capital, no se puede dejar de lado el Cementerio Inglés, en donde descansan genios de las letras como Jorge Guillén o Gerald Brenan.

Otros como el Cementerio de la Salud, de Córdoba, o el de San Eufrasio, en Jaén, cuentan con hitos artísticamente reseñables. Noviembre es una excusa para conocer el arte que esconden estos callados lugares.

 

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