Estas obras de Concha Ibáñez no son meras recreaciones paisajísticas, pues verte rodeado de sus cuadros es sentirte transportado, no ya a los lugares que representan sino al estado de paz al que necesariamente te sientes remitido.
Los elementos que componen la obra hacen referencia a la geografía de la que hablan, pero la evocación más patente es a través del uso del color entre lo significante y lo simbólico. Los tierras, del ocre a la ceniza, que nos llevan dese Castilla a Lanzarote, o el azul que nos mueve a son marino por Cadaqués o Cuba. Pero son obras que también llevan al paisaje profundo de nuestro interior, que nos empujan a un lugar entre la sabiduría de la meditación y el deseo de la inocencia. La contemplación de obras de arte siempre requiere un tiempo, pero muy especialmente, a Concha Ibáñez, debemos venir sin prisa porque cada obra que visitas supone un viaje al que no sabemos renunciar y que debemos disfrutar como ella misma nos indica con quietud y libertad.
Manuel Parras Rosa
Rector de la Universidad de Jaén
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