José Blas Fernández Sánchez; presentador
Alberto Ramos Santana; presentador
Celso Almuiña Fernández; conferenciante
El reconocido especialista en la historia de la prensa española, nos acerca a las vivencias de lo que difícilmente se engloba en la palabra “generación” de 1808, ya que este término incluiría a gentes de muy diversas clases sociales, edades, e ideologías, aunque todos harían frente al gran reto que significaba abrazar al liberalismo o no hacerlo. Destaca también la cercanía cronológica que nosotros hoy en día, guardamos con estas personas “tan solo seis generaciones” y es que en términos históricos 200 años no es nada.
Almuiña quiso mostrar que los aspectos vivenciales de esta generación no respondían a un planteamiento romántico, sino más bien visceral, y es que la mayor parte de los diez millones de españoles con que contaba de población nuestra nación en aquellos días, vivían en el campo y eran analfabetos. La información les llegaba a través de canales de comunicación orales, o bien “palabra sagrada” a través de los clérigos en las iglesias, o bien “la palabra dramatizada” a través del teatro, canciones, etc. donde el ponente quiso destacar el papel que desarrollaban los ciegos en esta época, y es que “fueron los primeros periodistas”, trasladaban noticias por los pueblos adaptando las palabras a lo que las gentes querían escuchar.
Los periódicos, que en aquellos días llegaron a alcanzar la cantidad de unos 300, siendo Cádiz la ciudad con la más alta concentración de estos, unos 66. cumplían también una importante función de creadores de opinión, pero su contenido no llegaba al pueblo en su totalidad, el alto analfabetismo reinante en la nación hizo que este no fuera el principal medio movilizador.
Cita el profesor a Galdós para describir el espíritu con el que el pueblo se movilizaba, a través de los tristes episodios del 2 de Mayo, aquellos motines que comenzaron siguiendo impulsos mucho más viscerales que ideológicos, y que terminarían con los fusilamientos y convirtiéndose en un movimiento de oposición a los franceses. Ya que, destacaba Almuiña, “esto era algo nuevo, ¿porqué habrían los españoles de oponerse a José I?”.
La iglesia de nuevo cumplía un papel fundamental en animar al pueblo exaltado, en los templos se demonizaba la figura de Napoleón, un hombre que se autoproclama emperador era el mismísimo anticristo.
Además, cuestiona quienes fueron los que pagarían realmente los gastos de la guerra, todos los saqueos, violaciones, desperdicio de cosechas, animales, atención a los heridos, a las caballerías, a los soldados de todos los bandos.
El campesinado español es la respuesta, el pueblo en definitiva. Destacaba también en este punto Almuiña el fenómeno guerrillero, sin idealizarlo, ya que estaba compuesto por gentes de toda índole, habría de comentar el amplio catálogo de curiosos métodos y procedimientos con los que este movimiento luchaba contra el bando francés, cómo por ejemplo se echaba de los pueblos a los verdugos para que los franceses no pudieran utilizarlos y estos tenían que buscar al soldado más viejo y borracho que tuvieran para suplantarlo, y toda serie de engaños y escaramuzas a las que se vieron enfrentados los franceses ante la resistencia española.
Concluye reflexionando sobre si las locomotoras del cambio fueron los ilustrados, los vagones representaban al pueblo, y hay que ser conscientes de que su apoyo y movilización fue decisivo para el futuro.
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